Donde los ángeles anidan

Manuel Iván Urbina Santafé

Dónde los ángeles anidan (fragmento)

SEÑALES

 

Hay un silencioso vuelo entre las cosas, un misterioso ir y venir. ¿No lo has no­tado? Es silencioso, pero se deja escuchar. Suele percibirse entre los gritos y las risas de los niños; por eso es tan difícil de distinguir.

Es un aleteo constante, como el de aves ocu­padas en algún encargo de las aves. Pero no son ellas, no. Yo lo he comprobado esperando que todos los pajaritos ocupen las ramas del almendrón, que es mucho más grande y cor­pulento que el almendro y, por lo tanto, le ca­ben más pájaros.

Cuando todos están ordenados e inmóviles en las ramas, cuando los niños no vienen a es­pantarlos, cuando ningún pájaro parece haber olvidado algo en otro árbol, se siente que al­guien transita por las habitaciones del aire, y como el sonido de una puerta que se abre, como una mirada que nos alcanza mientras miramos a los pájaros detenidos y ellos, a su vez, nos miran, nerviosos, como suele sucederle a las aves que sufren de miedo escénico.

Todo se dispone para escuchar; el calor se posa entre las hojas y el viento se retira. Los pájaros colaboran para distinguir el extraño aleteo, y aprovechan ese tiempo para pensar, porque alguien les ha dicho que si lo hacen mientras vuelan, corren el riesgo de caer.

Yo sé de esas habitaciones y de las presen­cias que las ocupan, y lo saben los niños más pequeños, aunque no lo pueden decir. Quien ha tenido un hermanito, un nieto, un hijo o un sobrino, puede dar testimonio de que nada se detiene totalmente en torno a ellos, aunque estén dormidos.

 

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Manuel Iván Urbina Santafé

Escritor y educador, especializado en literatura infantil y juvenil. Recientemente obtuvo el Premio Nacional de Cuento Infantil de Comfamiliar del Atlántico con el cuento En una isla llamada Luna (Barranquilla, 2009) y quedó finalista en el Concurso Barco de Vapor con las obras Cantos u'wa en el corazón de Isabel y La dueña de la isla lunar (Bogotá, D.C., 2009).

En los años 2000 y 2001 obtuvo el Premio Departamental de Novela de Norte de Santander; en la primera oportunidad con la obra Donde los ángeles anidan, mención de honor en el Premio Internacional Enka de Literatura Infantil (Medellín, 2000); en el siguiente año, con la novela En una plaza vacía, finalista en el Concurso Nacional de Cuento Ciudad de B/bermeja. En el Concurso Bienal de Literatura Colombo-Venezolana (San Cristóbal, 2003) alcanzó el primer puesto con el cuento “Soliloquio que Nancy no va a escuchar”, texto en el cual integra la lírica y la narrativa.

Con la editorial Panamericana publicó Sören Kierkegaard: la conciencia de un desesperado (2005), en la colección “100 personajes, 100 autores”, y Donde los ángeles anidan en la colección juvenil.  

En poesía ha publicado Para que tú los entiendas (1998) y Estudio de los seres y las cosas (2005), como premio del Concurso Nacional de Poesía auspiciado por la Casa de Poesía Porfirio Barba Jacob. En El libro de los ríos (Cúcuta, 2008) se integra la prosa poética, la narrativa y una propuesta de creación en proceso de desarrollo en talleres con niños y jóvenes. 

En el Concurso Bienal de Literatura Colombo-Venezolana (San Cristóbal, 2003) alcanzó el primer puesto con el cuento “Soliloquio que Nancy no va a escuchar”, texto en el cual integra la lírica y la narrativa.

En la actualidad dirige en Cúcuta el taller de la Red Nacional de Talleres RENATA y el Diplomado en escritura creativa creativa para docentes. Para el público infantil ha escrito Don Quijote leído por Alonso el Bueno (2004), De cómo le aparecieron las pecas a Rocío (2003) y El Espíritu de los Libros (2005 y Una isla llamada Luna.

Frida

YOLANDA REYES

De regreso al estudio. Otra vez, primer día de colegio. Faltan tres meses, veinte días y cinco horas para las próximas vacaciones. El profesor no preparó clase. Parece que el nuevo curso lo toma de sorpresa. Para salir del paso, ordena con una voz aprendida de memoria:

 

Saquen el cuaderno y escriban con esfero azul y buena letra, una composición sobre las vacaciones. Mínimo una pági-na por lado y lado, sin saltar renglón. Ojo con la ortografía, y la puntuación. Tienen cuarenta y cinco minutos. ¿Hay pre-guntas?

Nadie tiene preguntas. Ni respuestas. Sólo una mano que no obedece órdenes porque viene de vacaciones. Y un cuaderno rayado de cien páginas, que hoy se estrena con el viejo tema de todos los años: "¿Qué hice en mis vacaciones?"

"En mis vacaciones conocí a una sueca. Se llama Frida y vino desde muy lejos a visitar a sus abuelos colombianos. Tiene el pelo más largo, más liso y más blanco que he conocido. Las cejas y las pestañas también son blancas. Los ojos son de color cielo y, cuando se ríe, se le arruga la nariz. Es un poco más alta que yo, y eso que es un año menor. Es lindísima.

 

Continuar la lectura en la biblioteca virtual de la Biblioteca Luis Ángel Arango, haciendo clic en este enlace.

 

Y o l a n d a   R e y e s
 

Nació en Bucaramanga en 1959. Hizo estudios en educación con especialización en filología y Literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá y especialización en lengua y literatura española en el Instituto de Cooperación Iberoamericana de Madrid. En 1986, participó en la iniciación del proyecto de la Fundación Rafael Pombo como coordinadora de la Biblioteca Infantil, desarrollando talleres de animación a la lectura para niños y profesores. Profesora universitaria en las áreas de literatura y lectoescritura. Es una de las fundadoras de Espantapájaros, taller donde desarrolla un trabajo especializado en formación literaria con los niños más pequeños. Ha escrito en diferentes revistas especializadas en el tema de la literatura y el libro infantiles como |Hojas de Lectura, publicada por Fundalectura, |Revista latinoamericana de literatura infantil y juvenil, publicación de los IBBY de América Latina y |El libro en América Latina y el Caribe, del Cerlalc. Es coautora de |El libro de los días, agenda para el colegio y las vacaciones, junto con Clarisa y Pedro Ruiz. Ha escrito libros de texto en el área de español y literatura. En cuanto al trabajo de animación a la lectura para adultos, ha publicado |La aventura de leer, uno de los módulos sobre lectura del proyecto Cerlalc-ICBF, con madres comunitarias. Recibió Mención de Honor en el Concurso Internacional de Cuentos Raimundo Susaeta, 1993, y en el Concurso Nacional de Literatura Infantil de Comfamiliar del Atlántico, 1993. En 1994, ganó el Premio de Literatura Infantil "Noveles Talentos" de Fundalectura con su libro |El terror de sexto B y otras historias de colegio, publicado por Editorial Santillana, 1995.

El cuento |Frida escogido para la presente antología fue tomado de la edición de Santillana.

 

Historia de Ki

RAÚL SÁNCHEZ ACOSTA

HUIR DE CASA

 

Ki sintió que algo le apretaba el estómago y le hacía como un nudo ardiente. Aún no podía ver lo que tocaba u olía, por lo que tampoco podía precisar si era de día o era de noche, pues más tarde habría de comprender que el tiempo es muy importante en la vida. Dando tumbos por encima de otros cuerpos como el suyo, blandos, mullidos y bulliciosos, por fin dio con algo en su boca, orientado por su fino olfato, que le pareció muy agradable, tanto, que con sólo succionar, olvidó por completo el desesperante ardor en el estómago.

De pronto, mientras tomaba el primer desayuno de su vida, un gruesa cobija húmeda y tibia lo arropaba con fuerza, casi desprendiéndolo de su comida. Se sentía estrujado, lamido en todo su cuerpo. Y sin embargo, experimentó una sensación gratísima y se sintió limpio, abrigado, y sobre todo, acompañado.

Aquella caricia, porque fue una verdadera caricia y un acto de limpieza corporal, se iba a repetir muchas veces y para Ki era el momento más feliz del día. Esa madre suya, tan amorosa que lo lamía y lo aseaba, parecía dedicarle más tiempo a él que a sus hermanas, que eran seis. Esa era la suposición de Ki, y se contentaba con pensar que era una inexplicable preferencia de su madre.

Cuando finalmente abrió sus claros ojos, más de un día, pudo calcular… pero que le pareció una eternidad, ki empezó a contemplar el mundo de una manera diferente. No veía, no escuchaba, no saboreaba, no palpaba, no olfateaba el mundo de la misma manera como lo hacían sus hermanas y su madre. Él era diferente. Quería salir de ese sucio cajón maloliente donde era amamantado, y enfrentarse con las voces de los humanos que ensordecían el ambiente. Deseaba poseer un poder que le permitiera alejarse de esas manos grandes que estrujaban sus cuerpos o de esos pies que los golpeaban para hacerlos volver a la madriguera donde mamá, tímidamente, protestaba con ladridos que eran apagados con palazos.

Pasaron los días, y una mañana Ki despertó con la bulla de la casa, y asustado buscó a su madre. Entre los jirones de cobija vieja, halló el cadáver de una de sus hermanas. Lloró y más aún cuando vio llegar a su madre, con la cola entre las patas, gimiendo de dolor, lavada en sangre por tratar de defender a sus hijas, pues Ki era el único varón de la camada. Su madre le contó que el amo detestaba a las hembras y había decidido arrojarlas al canal de aguas negras de la ciudad. Ella luchó por impedirlo , pero fue apaleada sin piedad por chicos de la calle enviados por el amo. Ki protestó y juró vengarse del crimen. Su madre lo persuadió de abandonar tal propósito, pues el amo estaba muy molesto con mamá, ya que ella alcanzó a morderle una mano.

—Vendrá a matarnos a ambos, hijo —dijo ella—. Es mejor darnos tiempo. Es hora de que busques un lugar por donde salir antes de que el amo llegue y te sorprenda.

—¡Es una injusticia, mamá! —replicó Ki—. No nos pueden hacer esto. No hemos hecho nada malo.

—Es cierto. Pero así son los hombres, hijo, y debemos luchar por la vida. Mis instintos me dicen que debes marcharte. Tu vida está en peligro. Vete —aconsejó la mamá, con las lágrimas lavándole el rostro.

—¡Tú también debes ir, mamá! ¡Acompáñame! —imploraba Ki, también llorando.

—No, hijo. Ya estoy muy vieja y enferma. Además, estoy muy herida. Sólo te acarrearía dificultades en la huida. Marcha pronto y sé feliz.

La mamá unció con su llanto a Ki. Lo lamió como cuando era un recién nacido y se escurrió entre los andrajos de la madriguera, gimiendo. Ki, sin poder contener el llanto la miro con resignación y se abalanzó sobre ella para llevarse en su piel amarilla el almizclado olor de su madre herida. Se marchaba triste, porque dejaba en ese espacio un cadáver y una madre herida. Dos seres queridos a quienes no tuvo tiempo siquiera de conocer.

—¡Evaristo! —gritó una mujer—. Por aquí está el amarillo. ¡A ver niños! ¡No lo dejen salir!

—¡Déjemelo a mí! —oyó Ki con pavor, que decía el amo. Y lo vio venir con un palo de escoba en la mano donde tenía un pañuelo ensangrentado envuelto como una venda.

A Ki le sonó una orquesta de persecusión en el pecho, los pelos se le erizaron y perdió la conciencia por un instante. Trató de serenarse y finalmente, poniendo a prueba sus habilidades, ideó un plan relámpago: saldría al centro del corredor, donde estaban sus perseguidores, una familia de vendedores de chatarras, material reciclable y hasta cosas robadas, porque había cosas en casa que jamás fueron compradas, como su madre, que extraviada una tarde de lluvia, al cruzar una esquina, de repente fue asaltada por una oscura sombra que la redujo a la prisión de un sucio y maloliente costal de fique. Ahí, en medio de hierros, electrodomésticos dañados, pedazos de bicicletas, cajas de cartón y ladrillos rotos, se hacía más fácil correr y evadir al enemigo. Una vez ubicado en medio de aquellos artefactos, esperaría que todos le hicieran cerco. Así fue. Muchas manos se extendieron para atrapar a Ki, y en ese preciso instante sus ágiles patas lo hicieron deslizarse entre las piernas del mismo Evaristo, quien dio con su boca olorosa a cebolla contra un ladrillo. Mientras éste vociferaba amenazando al pobre Ki, el fugitivo remontaba la pila de desperdicios metálicos.

 

Raúl Sánchez Acosta

Historia de Ki (Fragmento)

 

RAÚL SÁNCHEZ ACOSTA

 

Nació en Convención, Norte de Santander, en 1961. Realizó estudios de Lingüística y Literatura en la Universidad Distrital de Bogotá, de Filosofía en la Universidad Nacional de Colombia, y de Filosofía y Letras en la Universidad Santo Tomás de Bogotá. Es profesor de literatura. Ha publicado varios libros de poesía: Camino a la noche, Itinerario de un olvido, Escribiendo besos y A la luz de la luna (poesía para niños); libros de relatos: La novia del silencio, En la sombra, Soliloquios y tres novelas para niños y jóvenes: Laura clavel y los tres pegasos, Historia de Ki y El pequeño vendedor de sueños.